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Divisiones que no separan: cómo los familiares de las personas desaparecidas consolidan la paz

Cuando hay personas desaparecidas en contextos de guerra, la ausencia permanece más allá del campo de batalla: separación familiar, profundización de las divisiones sociales y transiciones políticas atravesadas por el malestar. Sin embargo, en medio de este dolor, los familiares de las personas desaparecidas suelen convertirse en inesperados agentes de paz: su búsqueda de la verdad los lleva a cruzar fronteras, lo que transforma el dolor en conexión y la pérdida personal en una fuerza colectiva de reconciliación.

En esta publicación, Jill Stockwell, Simon Robins, y Martina Zaccaro analizan la manera en la que los familiares de las personas desaparecidas — a través del diálogo y la defensa conjunta de causas— puede regenerar a las sociedades divididas. Sobre la base de investigaciones del CICR en Bosnia y Herzegovina, Chipre y Nepal, muestran cómo los familiares que supieron ser enemigos ahora trabajan a la par, con su autoridad moral y experiencia vivida para fomentar la empatía, resistir la manipulación y dar el ejemplo de reconciliación que los procesos de paz suelen no llegar a concretar.

Las personas desaparecidas a causa de conflictos armados dejan un legado de trauma y duelos no elaborados, lo que afecta no solamente a sus familiares más cercanos, sino a la comunidad en general. Desde el punto de vista político, los casos sin resolver de personas desaparecidas pueden profundizar las divisiones, prolongar los duelos y obstaculizar las iniciativas de paz. Por otro lado, cuando la cuestión intenta resolverse de manera activa, esto puede facilitar la reconciliación, generar confianza y mayor estabilidad, en una contribución crucial al proceso más amplio de consolidación de la paz.

Recientemente, la Agencia Central de Búsquedas (ACB) del CICR ha llevado adelante investigaciones que confirman el papel fundamental de los familiares de las personas desaparecidas en la promoción de la paz durante y después de las hostilidades activas. Esto sugiere que al aumentar la participación activa de los familiares en procesos que intentan resolver la cuestión de las personas desaparecidas se facilita la construcción de relaciones, no solo con otras víctimas de desapariciones y otras partes interesadas clave que participan en la determinación de la suerte y el paradero de las personas desaparecidas, sino con la sociedad en general. Más aún, facilitar la participación activa de los familiares puede abrir nuevas posibilidades de paz y reconciliación.

En los últimos cinco años, la ACB ha encabezado nuevas maneras de apoyar a los familiares de las personas desaparecidas: los ayudó a construir relaciones de pares y entendimiento mutuo con una comunidad mundial de familiares, y fortaleció sus interacciones con las autoridades. Sobre la base de una revisión bibliográfica, también ha llevado adelante investigaciones con asociaciones de familiares de personas desaparecidas en tres contextos —Bosnia y Herzegovina, Chipre y Nepal— para entender mejor el potencial de los familiares, en particular de las asociaciones de familiares.

La investigación muestra que, a pesar de las adversidades, los familiares de las personas desaparecidas se han convertido en inesperados agentes de paz. En los tres contextos, estas asociaciones trabajaron en la separación que generó el conflicto, tendiendo puentes entre las divisiones políticas y étnicas y ejerciendo presión para que los Estados hicieran los procesos inclusivos y sostenibles.

Los familiares pueden construir relaciones y humanizar al «otro» para disminuir la brecha

La principal necesidad de los familiares de las personas desaparecidas es saber qué ocurrió con sus seres queridos. Esta búsqueda de la verdad y de un cierre los impulsa a tender puentes sobre las divisiones del conflicto, primero como buscadores de respuestas y luego como generadores de empatía y solidaridad.

En los tres contextos de investigación, las familias que buscaban a sus familiares desaparecidos iniciaron el contacto con familias que buscaban en el «otro lado», con la esperanza de que pudieran tener indicios sobre el destino de sus seres queridos. Con el tiempo, esta búsqueda se convirtió en un puente: se desarrolló la empatía, los prejuicios se desvanecieron y la solidaridad se afianzó. Al compartir el mismo sufrimiento y las mismas demandas, los familiares comenzaron a humanizar a sus antiguos adversarios y a desmantelar discursos de enemistad arraigados desde hacía mucho tiempo. Estas interacciones fomentaron el entendimiento mutuo, cuestionaron los discursos deshumanizadores y alentaron la defensa conjunta de la verdad y el reconocimiento.

En Chipre, la apertura de la frontera que había dividido la isla durante casi tres décadas permitió finalmente que las familias se reunieran. Descubrieron que, a pesar de los discursos dominantes de antagonismo, compartían mucho más de lo que las separaba.

«Nos ayudó a ver que son seres humanos, que no son monstruos, que no te van a atacar en medio de la calle».    – Familiar de una persona desaparecida, Chipre

En Nepal, el legado del conflicto político hizo que los familiares de bandos opuestos vivieran a menudo unos junto a otros, pero se miraran con recelo, asociando al otro con sus victimarios. La labor paciente de familias comunes organizadas en asociaciones ayudó a superar estos temores y, a lo largo de muchos años, forjaron fuertes lazos, lo que creó una nueva identidad que trascendió las divisiones trazadas durante el conflicto: como víctimas con necesidades comunes que podían exigir reconocimiento en conjunto.

«Sí, mi actitud hacia quienes estaban al otro lado del conflicto ha cambiado con el tiempo, a largo plazo: comprendimos que todos nos convertimos en víctimas… En nuestra comunidad vivimos juntos y no existe una cultura de venganza».  – Dirigente de una asociación de familiares, Nepal

En Bosnia y Herzegovina, las actitudes profundamente arraigadas hacia otros grupos étnicos, alimentadas tanto por el recuerdo de las violaciones cometidas durante el conflicto —incluidas las cuestiones relacionadas con la responsabilidad por la desaparición de personas— como por los actores que trataban de instrumentalizarlas, dificultaban el acercamiento entre los familiares de los diferentes bandos. Tras un trabajo paciente y con el apoyo del CICR, las familias superaron su profunda desconfianza y pudieron sentarse a dialogar.

«Nos dimos cuenta de que necesitábamos mostrar más solidaridad mutua. Nos contábamos historias, y ahí fue donde lloramos juntos, nos acompañamos y dimos un paso hacia el encuentro».   – Dirigente de una asociación de familiares, Bosnia y Herzegovina

La participación colectiva en las asociaciones de familiares transformó las actitudes hacia «el otro» y propició un compromiso político conjunto para la reconciliación. Los familiares descubrieron que el dolor y el sufrimiento son experiencias compartidas que trascienden las divisiones étnicas y políticas, lo que impulsó esfuerzos conjuntos para obtener respuestas y reconocimiento. Compartir historias y dolor más allá de estas divisiones no solo cuestiona los discursos que promueven la animosidad, sino que también genera confianza, lo que hace posible la unión en la defensa de los derechos.

Las familias pueden transmitir mensajes convincentes contra la repetición y promover un cambio de actitud más amplio

Uno de los principales obstáculos para la consolidación de la paz es el uso político que se hace de la cuestión de los desaparecidos. Las autoridades y los actores políticos suelen utilizar el sufrimiento de los familiares para justificar la hostilidad continua y mantener la división. En Chipre, los familiares de los desaparecidos denunciaron que se les pedía repetidamente que contaran sus historias en foros organizados por diversas autoridades. Sin embargo, cuando los propios familiares se unen, ya sea formando asociaciones o compartiendo públicamente sus experiencias, pueden resistirse a ser cooptados. El apoyo psicosocial y la solidaridad comunitaria fortalecen su resiliencia frente al uso político de su situación, de modo que son capaces de transmitir un mensaje compartido de recuperación y no repetición.

«Era importante contar las historias reales sobre nuestros familiares desaparecidos; escuchar solo una versión es angustiante». – Dirigente de una asociación de familiares, Bosnia y Herzegovina

Cuando se organizan en asociaciones, los familiares son menos vulnerables a la explotación, y sus historias colectivas pueden cambiar la perspectiva del público de manera considerable. En Chipre, algunas familias grecochipriotas y turcochipriotas trabajan ahora juntas, transformando su compromiso público en un discurso conjunto de sufrimiento compartido y resiliencia, por ejemplo, mediante visitas a escuelas para compartir un mensaje comunitario dual acerca de la búsqueda de respuestas sobre sus familiares desaparecidos. En Nepal, las asociaciones de familiares se han convertido en actores políticos visibles, y han generado una confianza que trasciende las antiguas afiliaciones y promueven una mayor inclusión y preocupación común, no solo por las víctimas del conflicto, sino también para abordar la marginalización que desencadenó la violencia.

Quizás lo más transformador sea el compromiso de los familiares de garantizar que otras personas no sufran lo mismo que ellos. Sus mensajes no solo exigen respuestas, sino un cambio: insisten en que se diga la verdad, se reconozca a todas las víctimas independientemente del autor y se garantice que no se repita. Reconocer que en todos los bandos ocurrieron violaciones genera un espacio para que la relación con el pasado sea más honesta, lo que debilita los discursos antagonistas y fomenta la reconciliación. Las historias de los familiares pueden transformar de manera profunda y reformular la comprensión individual y colectiva de manera positiva.

«Cuando nos escuchan [a los familiares] dialogar, algo cambia en las personas… algo cambia en su corazón, se conmueven porque piensan que si tú, por ejemplo, perdiste a treinta miembros de tu familia, y Petar perdió a ocho miembros de la suya, y ellos pueden reconciliarse, ¿qué es lo que nosotros no podemos compartir? Quiero decir, para ser francos, esto cambia su actitud». – Miembro de una asociación de familiares, Bosnia y Herzegovina

Los familiares actúan como catalizadores de un cambio de actitud más amplio. Se convierten en puentes entre comunidades, símbolos del sufrimiento causado por los conflictos y defensores de la paz. La experiencia vivida y su autoridad moral los dotan de una legitimidad única, lo que les permite modelar nuevas relaciones y actitudes dentro de la sociedad. Esto se ve claramente en la Conferencia Internacional bienal del CICR para familiares de personas desaparecidas, que reúne a más de 900 familias de más de 50 contextos de todo el mundo para conectarse, compartir experiencias y encontrar fuerza en las historias de los demás.

Un resultado concreto de esta conferencia entre pares ha sido reunir a los familiares de las personas desaparecidas en conflictos armados en contextos en los que no ha sido posible superar las divisiones que surgieron del conflicto armado. Por ejemplo, en Sri Lanka, los familiares de las personas desaparecidas han estado divididas durante mucho tiempo por motivos étnicos, lo que refleja la larga historia de conflicto en el país. No obstante, tras la conferencia internacional de familiares, las familias tamiles y cingalesas se reunieron en Colombo, lo que sentó las bases de una relación que podría llevar la labor de sensibilización de los familiares a trascender estas divisiones históricas.

Los familiares suelen estar en «la línea del frente», no solo en la búsqueda de sus familiares desaparecidos, sino también en el diálogo, la comunicación y el entendimiento. Debido a que su necesidad de saber es urgente y personal, superan barreras, se enfrentan a tabúes y dan el ejemplo a la sociedad en general. Este papel se pasa por alto con demasiada frecuencia. Sin embargo, su persistencia, que a veces surge de la desesperación y el dolor absolutos, puede conducir a una construcción de la paz sostenible y significativa al interior de sus comunidades y entre ellas. Su capacidad de forjar conexiones fuera de los procesos formales de paz los convierte en valiosos impulsores del cambio.

Cuando las asociaciones de familiares son visibles y respetadas, pueden colaborar directamente con las autoridades locales y centrales para abordar no solo los casos de personas desaparecidas, sino también las causas subyacentes del conflicto, como la exclusión, la pobreza y la discriminación. En Nepal, en particular, estas organizaciones se han convertido en poderosos agentes de sensibilización, al cuestionar la marginalización que alimentaba el conflicto, movilizar a las comunidades afectadas para que se desarrollen y cambiar las estructuras sociales y políticas. Las asociaciones de familiares se han convertido en agentes de cambio sistémico, dado que han conectado a las víctimas con oportunidades económicas, educación y gobernanza y, de este modo, han reducido la vulnerabilidad y consolidado la paz.

Los familiares como agentes de sensibilización ante el Estado

La ACB también ha trabajado para apoyar a los familiares y sus asociaciones como agentes eficaces de sensibilización que pueden exigir a los Estados que les den respuestas y promuevan la consolidación de la paz. Como parte de ello, la ACB ha estado desarrollando las habilidades de negociación y sensibilización de los familiares, junto con el Centro de Competencias de Negociación Humanitaria. Esto ayuda a los familiares a diseñar estrategias adecuadas para que las autoridades los escuchen y a participar más en los procesos de toma de decisiones, así como a perfeccionar sus habilidades sociales y sus capacidades de comunicación.

Los familiares como agentes de consolidación de la paz

La cuestión de las personas desaparecidas en situaciones de posconflicto no solo perpetúa un dolor sin resolver, sino que también corre el riesgo de ser utilizada para fomentar un mayor antagonismo y obstaculizar la paz. Sin embargo, los familiares de las personas desaparecidas, a través de su búsqueda de respuestas, su acercamiento en medio de la separación generada por conflictos armados y sus esfuerzos por transformar el sufrimiento en capacidad de sensibilización, representan un recurso único y poderoso para los esfuerzos locales de consolidación de la paz. Su capacidad de reformular discursos, fomentar la empatía y modelar nuevas actitudes sociales puede situarlos a la vanguardia de la consolidación de una paz duradera.

Procurar que los familiares ocupen un lugar central en todas las intervenciones y apoyar su capacidad de participación más allá de las divisiones y en las comunidades no es solo un imperativo humanitario, sino que también libera un inmenso potencial para la reparación social y la transformación de los conflictos. Su experiencia vivida y su voluntad de conectar son pilares esenciales de un proceso que busca abordar tanto el doloroso legado del pasado como la esperanza de un futuro pacífico.

Se debe alentar a las autoridades políticas a que consideren a los familiares de los desaparecidos no como víctimas cuya condición justifica la división continua, sino como agentes de cambio que encuentran formas de superar su sufrimiento y muestran a comunidades más amplias cómo puede comenzar la reconciliación. El trabajo reciente del CICR con los familiares de los desaparecidos y sus asociaciones muestra que la consolidación de la paz requiere algo más que poner fin a la violencia; exige afrontar las causas profundas, los agravios colectivos y las estructuras sociales que dan lugar al conflicto, y así transformar las relaciones entre las personas y la forma en que la sociedad da cuenta de su pasado. Los familiares de personas desaparecidas, a través de su búsqueda de la verdad y de su capacidad de trascender las barreras, encarnan lo que es posible cuando las personas más afectadas por conflictos armados se empoderan para liderar el cambio social.

 

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